jueves, 1 de noviembre de 2018

Manuel Vázquez Montalbán: a vuelta de los olvidos


Sé que es feo citarse a uno mismo, pero esta misma semana escuchaba una entrevista de Carles Mesa a Gemma Nierga en Radio Nacional y una anécdota que mencionó la periodista me recordó un texto de este mismo blog de hace tiempo, de marzo de 2016, en el que escribía sobre la condición de autor olvidado de Manuel Vázquez Montalbán.

En la entrevista comentaba Gemma Nierga que participó en una sesión de postgrado en la facultad de Comunicación y Periodismo de una universidad privada de Barcelona y grande fue su sorpresa tras citar a Vázquez Montalbán –recuérdese: estudiantes de periodismo en Barcelona– cuando uno de los presentes preguntó quién era Vázquez Montalbán. Atribuyó tal ignorancia y torpeza, por no hablar de laguna cultural cuasi oceánica, al estudiante, sin duda mal formado, y entonces acudió al resto de los estudiantes para que pudieran aclararle su duda ignominiosa. Silencio absoluto en la sala. Nadie parecía saber nada de este autor que murió hace quince años, en octubre de 2003, y que no sólo fue un escritor encomiable, sino que durante lustros, además, en lo que se refiere al periodismo, estuvo muy presente como fino articulista en muchos medios de comunicación. Vamos, que no sabían ni de lo suyo.  

En marzo de 2016 escribía en el blog sobre mi recomendación a un conocido brasileño, de visita en Barcelona, de adquirir aprovechando su estancia y sobre todo leer la novela El pianista, una novela que, además de interesantísima desde el punto de vista literario, se refería a un militante del POUM, organización por la que mi conocido tenía un enorme interés histórico y político, pero lo que motivó mi reflexión, en aquel momento, fue que no encontró en ninguna librería del centro de Barcelona, algunas de ellas importantes, ningún libro de Vázquez Montalbán e incluso le aconsejaron que acudiera a alguna librería de viejo por si tenían a la venta algún volumen de la novela.

Ni qué decir tiene que clamaba al cielo que en Barcelona, con sus editoriales y su vanidad de ciudad cultural, no se pudiera encontrar ningún libro de Vázquez Montalbán, quien por otro lado seguía siendo citado aquí y allá, se realizaban jornadas y homenajes en su recuerdo y uno tenía la sensación de que se seguía leyendo con interés. Pero si las editoriales no lo habían vuelto a publicar, son empresas al fin y al cabo que se mueven por la lógica de los balances y de los beneficios, era seguramente porque ya apenas se compraban sus libros, algo que cuesta aceptar y que sin duda sorprende y crea un cierto sinsabor. Pero la anécdota de Gemma Nierga muestra que la cosa es incluso peor.

En defensa del sector editorial hay que señalar que en estos dos años la editorial madrileña Cátedra ha vuelto a publicar El pianista, en una edición de José Colmeiro. Hace unos años el diario Público, cuando salía en papel, sacó a la venta junto al diario algún título del autor barcelonés. Esto al menos tiene arreglo. Pero asusta el olvido de un escritor que ha estado tan presente en la vida social, política y cultural de España y si unos estudiantes de periodismo, de postgrado además, ya no saben quién fue Vázquez Montalbán, significa que se está olvidando a pasos agigantados bloques enteros de la historia reciente del país. Todo esto, además, cuando el tema de la memoria común está en pleno candelero y se pretende que lo ocurrido hace ochenta horas no se diluya en el olvido. ¿Habrá que esperar a que en 2060 y en adelante se clame por la memoria de lo ocurrido durante la transición y en los años posteriores, habiéndose olvidado a quienes protagonizaron tal etapa? Uno puede llegar a entender la voluntad de olvido en la posguerra, no fueron años fáciles, hubo represión y miedo. Pero, ¿se puede entender el actual olvido?

Están cambiando los paradigmas culturales, las nuevas tecnologías ocupan un espacio enorme en las artes y la cultura, en las relaciones sociales. Se tiende sin duda a otro modelo de relaciones sociales. Pero la cultura, cualquiera que sea el modo de transmitirse, es acumulativa, ese es al fin y al cabo el significado de enanos a hombros de gigantes, lema de Bernardo de Chartes, cada generación se sube a espaldas de sus antecesores para atisbar más lejos. Parece evidente, pero no lo es cuando en apenas quince años se olvida a un autor hasta borrarlo de la memoria colectiva. Tampoco quiere uno caer en el tópico de hasta qué punto son ignorantes los jóvenes de hoy, sobre todo con relación a uno mismo a esa edad hace años. Pero los síntomas no dejan mucho lugar al optimismo. Hasta puede que expliquen muchos desaguisados actuales.   

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